Mon me pregunta: ¿Que hacemos hoy? Lo primero que se me ocurre es lo que vamos a hacer, me explico mejor, hace más de un año que me había enterado que en Vilanova i la Geltrú hay el Museo del Ferrocarril de Cataluña así que, no se hable más.

Decidimos adquirir el combinado tren+museo pero, como no, en Garraf el cajero no permite el pago con tarjeta y tampoco da cambio, subimos al tren sin billete. Una vez en destino, hablamos con el chico de seguridad que nos hace pasar para comprar los combinados en ventanilla. Seguimos con los contratiempos, al imprimir las entradas, la impresora se queda sin rollo y solamente imprime la primera y un trozo de la segunda pero el chico nos dice que si nos ponen algún problema a la entrada, que les llamen.

Entrada del museo ubicada justo al lado de la estación: la chica nos dice que con ese trozo de entrada no puede darla por válida y que ella no tiene teléfono del chico de la ventanilla pero nos deja entrar y se va a hablar con él. Empezamos mirando una pantalla con fotos en blanco y negro del siglo XX de diferentes estaciones de Cataluña.

Pasados unos minutos regresa la chica y nos cuenta que es muy fuerte que al acabarse el rollo y, por lo tanto no pudiendo entregar la entrada, el sistema informático no permite reimprimir, opinamos lo mismo, nos pide entonces los billetes del tren donde pone combinado para hacer una fotocopia y justificar así nuestra entrada.

El museo (https://www.museudelferrocarril.org/) está ubicado en las mismas instalaciones del antiguo depósito de locomotoras de vapor creado a finales del siglo XIX y que estuvo en funcionamiento hasta el 1967. En 1990 se convierte en equipamiento patrimonial.

La primera parte de la visita es en el mismo edificio de la entrada donde se pueden observar maquetas de trenes y entre otras cosas, un panel de un centro de control de intercambio de vías. Salimos el exterior y después de ver una zona habiltada para niños nos metemos en un enorme hangar donde está la exposición de los trenes.

Empezamos observando tres vagones de un tren que en su momento dividían las tres clases de pasajeros con sus tremendas diferencias entre si. Vagones de madera, vagones restaurantes, baños con duchas, despachos enteros, sala reuniones, me paro a imaginar el significado y la importancia de los desplazamientos en tren en aquella época.

Aquí hay una buena cantidad de locomotoras perfectamente restauradas, en cada una de ella, un panel explicativo donde se puede leer la parte técnica e histórica, van desde las de carbón hasta las eléctricas. Una brutalidad de cavallos para poder mover los vagones, habían las que podían con más carga destinadas a las mercaderías con el handicap de la velocidad reducida y las destinadas al transporte de pasajeros mucho más rápida.

El acceso a las locomotoras es permitido así que aprovechamos y subimos en varias de ellas, una fotos por aquí, otra por allá y cómo el que no quiere la cosa de repente desaparece el techo y, siguiendo la exposición ordenada en forma de abanico, nos encontramos en el exterior, seguimos con locomotoras más recientes.

En el medio del recinto, una locomotora antigua, cada tanto, arranca y recorre unos varios metros sacando con vapor, a los niños les encanta, luego regresa marcha atrás al punto de salida.

No ha estado mal, hemos pasado un rato diferente, salimos, saludamos de nuevo a la chica de la entrada y nos vamos a comer al restaurante Giraldillo no muy lejos de aquí. Una vez dentro, en lugar de sentarnos en la barra, optamos por hacerlo en una mesa. Comida regular, la última vez que estuve, hace muchos años, estaba mejor.