La frase que tengo grabada en este momento es: voy a preparar una “rutita”… pero empecemos desde el principio.

07:45h. en pié, desayuno completo, Megane y rumbo a Ordino-Arcalis.

09:10h. ya con los esquís puestos, empezamos unas bajaditas. A pesar de que todavía hay mucha nieve, el calor de estas últimas dos semanas junto con el trabajo de las máquinas hace que a primera hora, la nieve esté muy dura. A mí personalmente me encanta deslizarme sobre ella oyendo el típico ruido sfrrrrr-crrrr pero Sonia no es del mismo parecer…

10:15h. hay mucho viento y esquiar así no es del todo agradable. Si le añadimos que a Sonia le ha salido un bulto en el tobillo debido al doblete de esquiada del pasado fin de semana, el resultado es simplemente abandonar. Mientras volvemos a casa, me propone coger la Ultra y darnos una vuelta. Pienso que es buena idea.

10:45h. Sonia, tras abrir la guía del Pirineo Catalán opta por proponer una “rutita” que consiste en bajar hasta La Seu d’Urgell y dirigirnos hacia unos pueblecitos ubicados en la parte oeste del Parque Natural del Cadí-Moixeró para luego regresar a Andorra. Me parece bien, la única modificación que comento es la de no pasar por el centro de la Seu y entrar directamente desde Alàs.

11:00h. Salimos con la Ultra. Al llegar a Santa Coloma nos encontramos un atasco monumental. Supongo que es debido a que el pasado viernes fue fiesta en muchas comunidades de España y que hoy toca el camino de regreso a casa para todos aquellos españoles que han optado por pasar el puente en Andorra. En resumen, el recorrido que se suele hacer en 15m. se convierte en 30m. (Añado que son 30 porque todos sabéis como Fa conduce entre los coches… porque por mí podría haber sido más de una hora!)

Ya pasada la aduana, el camino está despejado. En un “no res” llegamos a Alàs donde nos desviamos por la LV-4008 en dirección Cerc. El sol pega y hace calor, la carretera es tranquila y está despejada, algún que otro ciclista y nada de tráfico. Pasamos por varios pueblecitos: El Ges, Adraèn, Fornols, Ossera hasta llegar a Sorribes. Aquí leemos un cartel que indica Organya a la derecha y, para allá que vamos. De repente, el asfalto desaparece y se convierte en un camino de tierra compacta, plano y con mucha visibilidad, pienso que podemos seguir tranquilamente.

Conforme van pasando los minutos, el camino se hace un “poquito” más complicado: la tierra ya no es tan compacta y aparece alguna que otra piedra. A medida que avanzamos estas van en aumento tanto en cantidad como en tamaño, la pendiente también. Se nos cruza un tractor y el “pagès” nos mira con asombro. Seguimos.

Ahora estamos rodeados de vegetación, alguna vaca suelta, una manada de caballos abajo en el valle, el camino sube… Empiezo a sudar y preocuparme un poco pero sigo convencido de que lo mejor es seguir “palante”. Finalmente llegamos a la cima, paradita, un cigarrillo. Subir no ha sido llevadero así que la bajada va a ser difícil. Se lo digo a Sonia la cual me comenta que soy todo un campeón y que si hace falta se baja de la moto.

Arrancamos y a escasos 500m., le digo que baje. No puedo aguantar el peso de la Ultra, el suyo, las piedras, la calor… Durante aproximadamente 4km. he tenido que, literalmente andar sentado haciendo un esfuerzo sobrehumano para lograr no caerme pues las piedras ahora tienen un tamaño considerable.

Cuando no aguanto más, paro a la sombra de un árbol para esperar a Sonia que sigue andando. Oigo un ruido de moto que de prisa se acerca. Una KTM a la que saludo y el tío me hace una señal del tipo “no veas chaval donde te has metido con el bicho ese”. Le sigue una enduro BMW y luego Sonia, monísima ella con casco puesto y con la calor que hace, uaa. (Digamos que prefiero la “sombra” del casco a morir por insolación!)

Finalmente por arte de magia, el asfalto vuelve a nosotros. Hemos recorrido unos 20Km. de camino forestal hasta un cartel que nos indica Montant de Tost. La carretera que baja hasta la C-14 es muy empinada y llena de curvas pero nos parece gloria.

Una vez abajo nos dirigimos a Andorra muy hambrientos. Sobre las 16:00h. entrábamos en casa y justo 20min. más tarde un buen plato de “bavette alle vongole” (unos espaguetis planos con almejas) y una buena copa de vino blanco nos llenaban los estómagos y nos hacía reír pensando en nuestra “rutita”.

PD: hoy he descubierto que la Harley es en realidad una enduro disfrazada y que, la próxima vez que se me ocurra plantear otra “rutita”, “nunca mais” dejaré que Fa siga si no hay asfalto!. Hoy he sudado la camiseta y me he ganado el pan!

Fotos:  www.flickr.com/photos/fabryhd/sets/72157615675001055/

Con la promesa de un domingo soleado y tras la última nevada de esta semana, parecía obvio que hoy sería una “bella giornata” de esquí pero, la rodilla de Fabry se resintió el viernes y como resultado, hemos disfrutado del viento en la cara sacando a pasear a Ultra después del frío invierno.

No hemos sido madrugadores pero el trayecto que originalmente se había pensado, nos tenía que llevar tan solo hasta Puigcerdà por La Seu pues, la salida por Pas de la Casa requería el uso de cadenas y que yo sepa, todavía no se ha inventado un equipamiento para motos.

Hacia las 11:30 estábamos en marcha con la típica estampa del que no quiere pasar frío: pantalones térmicos, forro polar bajo la cordura, braga… Si tenéis en cuenta que los termómetros han llegado a marcar 17º y que había gente en manga corta pues imaginad…

Al llegar a La Seu, hemos tomado dirección Puigcerdà. En breve hemos dejado Alàs a nuestra derecha, un pueblecito donde comer bien significa ir al Dolcet.

La carretera que conduce a Puigcerdà combinada con la idoneidad del clima es un placer para los sentidos. El sol a nuestra espalda, el aire todavía fresco de cara y, poco a poco, el paisaje de la Cerdanya que se abre ante nosotros flanqueado por cientos de montañas blancas. El valle empieza a demostrar que la primavera se acerca y que este año, las nieves caídas nos van a dejar un verde intenso.

Yo tengo una debilidad con el paisaje ya sea urbano o rural y pido a Fabry que se pare de tanto en tanto para hacer una foto. Es una lástima que el papel no capte nunca la belleza tal y como nuestros ojos la perciben.

Para no desilusionar, esta vez también las he cazado mirándome atentas… son marrones con un marrón que definiría como suave si el color se percibiera con el tacto; tienen el pelo más largo de lo habitual supongo por las temperaturas que soportan a la intemperie. Las he bautizado como vacas pirenaicas pues sólo las he visto por aquí.

Esta mañana antes de salir, habíamos mirado la guía del Pirineo por si nos mostraba algo interesante cerca y Fabry había comentado no haber estado en Llívia por lo que se había convertido en nuestro objetivo.

Llívia es un pequeño pueblecito con una historia que se remonta a tiempos de los romanos. Enclavado cual isla en territorio francés, pertenece sin embargo, a Cataluña.

No obstante, en la rotonda de salida de Puigcerdà y, demostrando que el Tom-tom atonta los sentidos ya que sin él, una vez te acostumbras, pareces no ser capaz de volver a leer un cartel, en vez de ir a Llivia, hemos ido hacia Bourg-Madame. A partir de ahí, conscientes de que nos alejábamos de nuestro destino, nos hemos dejado llevar por la preciosa carretera nevada hasta Mont-Louis.

Esta pequeña población francesa destaca por su casco antiguo amurallado en medio de un paisaje natural excepcional. La fortificación de Vauban está dentro de la lista del Patrimonio de la Unesco desde 2008 cuando se incluyeron las seis fortificaciones ideadas por el ingeniero real al cual le deben el nombre.

Pasamos el puente de acceso y las dos puertas de las murallas para acceder a unas calles con restos de nieve y hielo. Pasan de la una y el lugar está excesivamente solitario y tranquilo. Hacemos algunas fotos.

Decidimos deshacer el camino para comer en Llívia. El hambre empieza a apretar. Vemos cómo el paisaje blanco vuelve a dejar paso al verde y esta vez sí, al llegar a Puigcerdà, seguimos el cartel que nos ha de llevar a nuestro destino.

Aparcamos a Ultra en el casco viejo, al lado de la Iglesia y el enclave del Castillo y empezamos a caminar buscando un buen sitio donde comer. No hemos tenido que esforzarnos demasiado, el hostal Rusó (www.portalcerdanya.com/hostalruso), a pocos metros de donde estábamos, ha cubierto nuestras expectativas. Comida casera, a buen precio y tranquilos, fuera de la zona de terrazas abarrotadas de barceloneses.

Ya satisfechos, nos hemos dado un paseo por sus calles y a una buena hora, hemos iniciado el camino a casa.

Fotos:  www.flickr.com/photos/fabryhd/sets/72157614975358870/