2012_Raquetas (by night)

febrero 2, 2012

Aproximadamente hace un año habíamos quedado para subir de noche a Arcalís con raquetas pero justo el día elegido hubo un frío del copón y se anuló. Este año hemos vuelto a organizarlo y, como no, también ha llegado el frío de Siberia a la que todos hemos decidido que el plan seguía adelante.

A las 18:00h he plegado y me he ido rápidamente a casa con la Vespa con una temperatura de -3°. Una vez allí he recogido el equipo de esquí en el trastero y con toda la calma del mundo me he preparado, única nota destacable han sido los tres pares de calcetines (por si acaso).

Con 10min de retraso me ha pasado a buscar Miguel que previamente había recogido a Sonia a la salida del trabajo. Es decir que he estado parado en la calle con -4°.

La subida hacia Arcalís es proporcional a la bajada de la temperatura así que al llegar a pie de pistas el termómetro indicaba -12°.

Un breve tiempo de espera dentro del coche, naturalmente encendido y con la calefacción puesta, hasta que se nos han unido el resto del grupo: Anna y Nicolás (su perro), Jonathan y Raúl.

Nada más salir afuera, en menos de 1min se me han congelado los dedos de las manos a pesar de llevar unos bajo guantes de seda. Buff en toda la cara dejando al descubierto solamente la nariz, gafas para vista nocturna, gorro, capucha y gantes de esquí.

Mientras nos poníamos las raquetas, Nicolás jugaba retorciéndose en la nieve, que frío. Nos ponemos en marcha.

La subida es suave, el cielo está completamente despejado, en él brilla la luna y las estrellas. Las montañas están completamente nevadas, varios pisteros están trabajando con ratracs y motos de nieve para que los esquiadores puedan disfrutar el día siguiente.

Nada más recurrir unos 500m el calor que emana el cuerpo desde su interior es tan elevado que empiezo a sudar, fuera capucha, el frío ya no se hace notar. Llegados a la famosa “O” hacemos una breve pausa. Jonathan y Raúl miran el punto exacto por donde bajarán a la vuelta con sus tablas, detrás nuestro Miguel y Sonia han desaparecido, los esperamos un buen rato hasta que aparecen.

Seguimos en grupo hacía el restaurante ubicado en medio de las pistas, un ratrac con remolque nos adelanta, en él varias personas que suben al restaurante, luego serán nuestros vecinos de mesa.

Una vez llegados, dejamos raquetas y tablas en la planta intermedia, da gusto despreocuparse, aquí nadie roba. En la mesa nos esperan Eva, Meri y un compañero de ellas, han subido haciendo randonné.

Cuando ya todos estábamos sentados, el camarero, un personaje muy peculiar y divertido, nos trae vino tinto y los entrantes compuestos por unas tablas de embutidos, quesos y unas ensaladas. Empiezan a caer las primeras botellas de vino mientras las de agua siguen casi intactas.

Pasamos ahora al segundo plato: fondue de carne y otra de quesos. En las bandejas de carne hay pollo y ternera, Eva reclama el pato pero debido a problema logístico no les ha llegado el pedido. Las cestitas con pan troceado son ideales para la fondue de quesos que está deliciosa.

La velada transcurre entre comer, contar cosas, risas, el grupo es variado, la relación entre nosotros también lo es, amistad, trabajo o simplemente es la primera vez. El vino acompaña para que todos nos encontremos a gusto.

Finalmente llega el postre: fondue de chocolate y una bandeja de fruta. Cafés y chupitos.

Alrededor de las 12:00h el conductor del ratrac nos viene a preguntar si vamos con él pero nadie de nuestro grupo se apunta, o bien regresamos en raquetas o bien en esquís y tablas.

La temperatura exterior es de -17° pero con la cantidad de alcohol que tenemos en el cuerpo no nos parece demasiado dura así que nos ponemos en marcha y pa bajo…

La bajada siempre resulta ser más llevadera que la subida, más que nada por la ley de mínimo esfuerzo, jeje.

Una vez abajo el grupo se reúne, nos despedimos y nos vamos a dormir, ya son las 2:00h y mañana se trabaja pero ha valido la pena, una experiencia que recomiendo a todo el mundo.