Hoy hemos sido los primeros en desayunar, bueno mejor decir, entre los cuatro, porque abajo había una marea de gente. Si el hotel de Niza tenía deficiencias en las habitaciones y un desayuno a la altura, aquí ha sido exactamente al revés.

Tom nos saca del barrio y nos conduce hasta la autopista que a la vez hace la función de ronda, sinónimo de caravana. Una vez pasada la zona de influencia de Venecia podemos circular a 130 Km/h que es la velocidad máxima permitida en Italia.

Una parada técnica a media mañana, repostaje, café y llegamos a la entrada de Eslovenia, paramos para hacernos unas fotos al cartel y seguimos. Un poco más adelante hay el peaje, deceleramos y justo al llegar a la barrera un policía nos para. Me entiendo con él en italiano, dice que no llevo la pegatina, que pegatina le pregunto yo y él me contesta que es como en Suiza o Portugal, hay que comprar una pegatina para circular en las autopistas porque ya no se paga en el peaje. Vale, entonces le digo que me venda una y él me dice que claro pero antes tendré que abonar la multa correspondiente, es decir 300€, imaginaros la cara que se me puso, luego comenta que al no ser residente en Eslovenia hay un descuento de pronto pago del 50% quedando asimismo en tan solo 150€, vamos un chollo.

Me pregunta que pegatina quiero, la de una semana, de 15 días o más y le contesto pidiendo los precios que son 7,50€ por una semana, 30€ por dos, pienso: deben de ser atontados, como pueden dar estos importes, está claro que más vale comprar dos semanas separadas que 15 días juntos, ¿no? Pagamos y nos vamos mientras ellos paran a unos cuantos minis con matricula de Turquía.

Seguimos por la autopista hasta la entrada de Croacia donde en ambos lados nos piden documentación. Vamos a ver: ¿para qué narices hacen un control de documentación para pasar de un país comunitario a otro? Deberían darse una vuelta por Europa y comprobar que los controles de documentación en las aduanas son cuando un país comunitario es limítrofe con otro  que no lo es.

Con un calor asfixiante seguimos hacia Zagreb, de repente, tras coger un bache, Tom salta al vacío, en un reflejo sin precedentes con la mano chunga lo toco y lo desplazo hacia la moto y después hacia mi barriga salvando así el aparato, no puedo decir lo mismo de Edu que salió el sábado de avanzadilla y perdió su GPS en un túnel en Francia casi tocando Italia, no contento dio la vuelta, lo recuperó pero no lo volverá a utilizar, algún camión le pasó por encima

Entramos en Zagreb, llegamos al hotel (http://www.hotelastoria.hr/), aparcamos las motos, ducha fría, descansito y comemos algo en el restaurante.

Un poco más tarde salimos para ver la ciudad, el hotel está ubicado en una calle bastante céntrica, en un paseo relativamente corto llegamos hasta la catedral, nada de especial ni por fuera ni por dentro, seguimos paseando pero hace demasiado calor y Pepe nos propone sentarnos en una terraza a la sombra y tomar algo fresquito, así lo hacemos.

Zagreb es la capital de Croacia pero se parece bastante a un gran pueblo tranquilo, no hay el típico ruido de una metrópoli, hay varias líneas de tranvía que se ven claramente que son de décadas distintas, un modelo en concreto me recuerda el de Milán pero aquí son todos azules.

Seguimos subiendo hasta encontrar una calle peatonal donde hay un bar tras otro en ambos lados repletos de gente, se ven pocos turistas, una vez recorrida la calle hasta el final, a partir de allí empieza la vegetación, regresamos sobre nuestros pasos y nos volvemos a sentar a tomar unas cervezas. Aquí la gente es muy pero que muy blanca, tan blanca que parecen cadavéricos.

Pepe y Felipe regresan al hotel y nosotros tardamos más de media hora para encontrar un restaurante, es increíble, todos son bares con terrazas. Cenamos cerca de la catedral en una terraza, bien y a un precio más que razonable.

Un poco más tarde llegamos al hotel, nos cruzamos con los chicos y nos vamos a la cama.

Zagreb no se merece ninguna visita.

Sobre las 8:00h bajamos a desayunar, Pepe y Felipe ya estaban tranquilamente sentados en el jardín, el desayuno completo y todo de buena calidad. Si a esta hora hace ya tanto calor está claro que hoy lo vamos a pasar mal.

Con un poco de tráfico salimos de Niza y nos metemos en la autopista, como es sabido este camino alterna túneles y viaductos sin parar, los primeros nos ayudan a soportar el calor. Breve parada a media mañana, un bocadillo de pie al medio día hasta llegar cerca de nuestro destino de hoy: Venecia.

El hotel reservado por pepe siguiendo mis recomendaciones está lógicamente en tierra firme, Felipe se hace un pequeño lio con su navegador, en una redonda él se va por un lado mientras Pepe por otro, yo le sigo. Entre que unos esperaban al otro y viceversa al final lo clásico de toda la vida: preguntando se llega a Roma y al hotel llegamos.

Duchita bien fría, cambio de ropa, chanclas, bus que nos deja en Piazza di Roma justo a la entrada de Venecia, allí compramos unos billetes para el vaporetto que nos llevará a la Piazza San Marco y los del bus de vuelta.

Después de varias paradas bajamos, una cervecita fría y llevo al grupo a ver el “ponte dei sospiri” pero me equivoco de dirección y nos desplazamos un poco, mientras tanto Mon se compra un par de mini-máscaras de carnaval muy típicas de aquí. Volvemos sobre nuestros pasos y finalmente vemos el puente en cuestión. Seguimos caminando hasta la Piazza San Marco, fotos a unos y a otros, panorámicas y seguimos en dirección al “ponte di Rialto” en el canal grande. Durante el recorrido encontramos varios rincones donde echamos más fotos. Finalmente llegamos al puente en cuestión, aquí es donde realmente se aprecia la esencia de Venecia donde varias embarcaciones se deslizan sobre las aguas, se está haciendo de noche y las sombras juegan con los reflejos de las primeras luces artificiales.

Buscamos un restaurante para cenar y decidimos hacerlo, como no, en el mismo canal grande. Nos sentamos en uno de ellos, viene el camarero, un “Paqui”, le pedimos la bebida mientras leemos la carta. Al tomar nota de los platos le pregunto, por si acaso si los “tagliatelle ai funghi porcini” llevan frutos secos, la cara que puso parecía decir: no sé de qué me estás hablando. Le vuelvo a formular la pregunta y le brindo a que se vaya a preguntar al chef. Vuelve y me dice: no, no lleva frutos secos, aquí no servimos nada a los alérgicos (¿?), solo lleva nueces (¡!), le pregunto: me estás diciendo que no lleva frutos secos y lleva nueces, me parece que aquí hay algo que no cuadra. Vuelva a dentro y al rato me dice que se había equivocado. Empiezo a cabrearme.

Antes de que trajeran los primeros, miro atentamente la terraza y a los camareros y todos son “Paquis”, me entran las primeras dudas. Comemos cada uno su plato, traen el segundo y la verdad es que mi plato está hecho con tallarines al huevo que nada tiene que ver con el plato que yo he pedido, la pasta blanda y la verdad es que no puedo admitir que en Italia me sirvan algo así, me lo como porque tengo hambre.

Finalmente llega la hora del postre, le pido al camarero, el mismo de las nueces, tres “affogati al caffé” y me dice: no tenemos. Le pregunto: ¿Tienes helado de vainilla? Me contesta que sí. Le pregunto: ¿desde hace cuánto tiempo vives en Italia? Me contesta: diez años. Le digo: me parece muy fuerte que lleves en mi país diez años y ni siquiera tienes conocimiento de un postre que se sirve en todo el país. Mon se levanta para irse al lavabo y le digo: por favor puedes echar un vistazo a la cocina, creo que este restaurante está en manos de “Paquis” y que hemos tenido muy mala suerte. Al volver me confirma que en la cocina todos son de la misma raza. ¿Dónde vamos a llegar?

Pagamos sin dejar ni un céntimo de propina y poco a poco volvemos al punto de llegada por las calles y los puentes de esta peculiar ciudad que, como en otros casos, hay que ver una vez en la vida.

Bus, hotel y a dormir, mañana más.

Hace exactamente un año que no teníamos vacaciones pero por fin el momento ha llegado.

 

Hoy ha sido la típica jornada inicial donde haces muchos kilómetros, todos ellos en autopista, para finalmente parar, descansar y seguir el día siguiente, pero empezaré desde el principio…

Ayer domingo con toda tranquilidad hemos preparado el equipaje, este año, a diferencia del anterior el viaje es de unos quince días y muchos kilómetros por lo tanto teníamos que ser básicamente prácticos a la hora de escoger las prendas, En mi caso no era la primera vez pero en caso de Mon sí. Tengo que reconocer que me ha sorprendido positivamente cuando al pasar por su casa me comunicaba que le quedaba algo de espacio en la maleta interior del tour-pack. Pensé: genial, me ha hecho caso. Yo, como de costumbre, me he quedado con la maleta exterior del porta equipaje, mientras las dos maletas de las alforjas contenían una los trajes de lluvias y la otra los zapatos, el secador etc.

De pie temprano logramos salir sobre la hora prevista y llegar al punto de encuentro con dos minutos de antelación, allí Pepe y Felipe nos esperaban. A Mon le hacía gracia que llevásemos durante el viaje el micro y los auriculares en los cascos, a noche los puse y hoy nos conectamos. Intentamos buscar un canal para comunicarnos con Felipe a través de las emisoras, luego ha resultado ser un fracaso porqué la cosa no funciona bien.

Sin superar los límites de velocidad llegamos casi a Girona donde nos encontramos con un par de accidentes y un solo carril abierto con el consecuente embudo, entramos en Francia. Un curioso 77.777 marcaba el cuentakilómetros y, al verlo se lo enseño a Mon que saca el móvil para hacerle una foto pero al momento de la verdad la última cifra se había convertido en un ocho. El sol ya pega y el calor se nota, seguimos. Paramos pasado Montpellier a comer tranquilamente sentados en una terraza a la sombra. Al volver a arrancar me niego a ponerme de nuevo la chaqueta, protector solar y pal ante.

Felipe y yo nos alternamos abriendo camino. Al preparar este viaje he actualizado el Tom pero Europa entera no cabe así que he tenido que instalar solamente la parte oriental dejando fuera tanto Francia como Italia, Al llegar a Niza, Felipe nos conduce al hotel, allí descargamos maletas y, no sin complicaciones encontramos el aparcamiento privado que habíamos reservado con antelación, un maravilloso box cerrado para las tres motos.

Después de una buena ducha, con agua fría en mi caso (la primera del año), damos un paseo y paramos a tomar unas cervezas, ya tocaba. Dos rondas y nos vamos un poco tocados a buscar un restaurante que le habían recomendado a Felipe, Lo encontramos pero entre que nos sientan en el interior sin aire acondicionado y que echando un rápido vistazo a la carta de postres que había en la mesa, 20€ por cada tipo, tomamos yo creo la sabia decisión de levantarnos e irnos del local.

Paseando habíamos visto una pizzería que a pesar de no tener la bandera italiana tenía buena pinta, allí nos dirigimos. Una vez sentados pedimos cuatro pizzas, una ronda más de cervezas y de postre un “affogato al caffé” para los hombres, no saben lo que es, se lo explico y nos lo traen. Pagamos y nos vamos.

Antes de volver al hotel paramos a tomarnos cuatro mojitos en el mismo bar de las cervezas, no ha sido un acierto ya que eran muy malos y tremendamente caros. A dormir que mañana nos esperan varios kilómetros por hacer.