2016_Firenze-Vernazza, Día 16, 256Km

junio 16, 2016

Una cosa es cierta, todas las veces que he dejado atrás Firenze, siempre he sabido que en ningún momento ha sido un adiós, más bien un hasta luego y así será también esta vez.

Decidimos ir a visitar el dealer que está en la localidad de Prato justo al lado, Garvin nos dirige hasta allí. Aparcamos detrás del edificio, entramos en la tienda pasando por el taller pero es un absoluto caos, un pegote enorme de roba, bastante fea por cierto, y mucha, mucha moto. Nos vamos sin comprar nada. Esto normalmente no suele ocurrir.

Había oído hablar de Lucca pero nunca había estado, hoy por su ubicación más o menos por el camino, decidimos visitarla. Una vez dejada atrás la autopista, nos desviamos por carreteras secundarias hasta llegar. En el punto de información nos dan un plano de la ciudad y nos indican donde aparcar la moto a cubierto ya que la maleta exterior no puede quedarse sin ser vigilada.

En el parking pregunto donde podemos comer y nos recomiendan un restaurante de un cliente de ellos, dejamos todo allí en el despacho, cascos, chaquetas, guantes, cómo si fuésemos de la casa.

Nos sentamos a tomar un café y luego paseamos por el pueblo siguiendo el mapa con sus puntos de interés en sentido anti horario. La “Cattedrale di San Martino” con el campanario empaquetado por reformas. Seguimos hacia el norte y girando una esquina oímos musica que sale de una ventana ubicada en la primera planta del edificio que tenemos al lado es el “Istituto Musicale Boccherini”, en su exterior una estatua de bronce.

Seguimos nuestro recorrido hasta una plaza ovalada, lugar típico para turistas, llena de restaurantes y sus terrazas, aquí en su día, había un anfiteatro romano del cual nada queda. A pocos pasos topamos con la “Basilica di San Frediano”. Convergemos hacia el centro hasta llegar a la “Chiesa di San Michele in Foro”. El color predominante de las iglesias es el blanco, obviamente por el mármol que es su denominador común.

Es la hora de comer, nos sentamos en el restaurante recomendado (http://www.rusticanella2.it), pedimos menú y salimos que no podemos con nuestros cuerpos, que animales que son, sirven el primero normal, de segundo una pizza pero no es pequeña, es grande, uff.

Durante la comida recibo un e-mail del B&B de hoy avisándonos que por culpa de un desprendimiento han tenido que cortar la carretera de la costa. Nos indican de seguir hacía Genova y luego regresar, se me desmonta el recorrido programado pero, que le vamos a hacer.

Ya con Desy circulamos por la autopista, un cartel indica el final de la “Toscana” y el principio de la “Liguria”. Paramos en una área a repostar y un poco más adelante salimos para la zona denominada “le cinque terre”.

Aquí las carreteras son pequeñas, con muchas curvas, empinadas, vamos lo tienen todo. Garvin para variar no tiene la dirección, sigo las indicaciones para Vernazza y lo que me habían explicado en el e-mail. De repente paro encima de una montaña y, mira por donde, estamos justo al lado del B&B, bien.

Para acceder al edificio se baja por una rampa empinada no muy ancha que combina una parte con escaleras y otra lisa, unos metros más abajo hay una Harley aparcada, pienso: ni lo intentes…

Dejamos las maletas en la habitación, estamos a 5Km de Vernazza, para bajar, hay que ir por una carretera muy estrecha y con curvas cerradas, allí que vamos. Una vez abajo, tenemos que aparcar a unos 800m del pueblo, solamente pueden pasar y aparcar los residentes.

El pueblo es en realidad una calle, en ambos lados hay terrazas con bares y restaurantes, edificios de apartamentos y por supuesto, casas particulares, algunas muy bien conservadas y otras en malas condiciones. Seguimos andando hasta el puerto, allí podemos observar lo limpio y transparente que está el mar, peces de distintos tamaños y pequeñas medusas lilas.

Nos sentamos a tomar una cerveza, no paran de llegar turistas con sus maletas, parece mentira que pueda llegar tanta gente y meterse en un espacio tan reducido. La previsión es lluvia a partir de las 23:00h, mejor cenar algo y retirarnos a una hora prudente teniendo en cuenta el recorrido que tenemos por delante.

Cenamos en un restaurante en la parte alta del pueblo, para acceder lo hacemos subiendo varios escalones bastante empinados, aquí todos son guiris en su mayoría americanos, el personal es de lo más divertido. La cena normalita pero el rato muy agradable.

Volvemos a subir poco a poco, todo el recorrido en primera marcha, caen cuatro gotas pero sin ser molestas, aparcamos y nos retiramos a la habitación. Media hora más tarde cae el diluvio universal, viento y frío.

Antes de dormirme, miro la previsión del tiempo para mañana que dice sol, tengo serias dudas, ya veremos.

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