La cena de anoche estaba muy buena pero en alguna parte había algo que me hizo reacción alérgica. Total que mientras Sonia dormía como un angelito, yo estaba peleándome entre el subidón y los antistamínicos. Ganaron los últimos y finalmente sobre las 00:20h. pude dormir tranquilo.

Como va siendo costumbre desde los últimos dos días, hemos sido los primeros en desayunar y en subir al autocar. La mañana ha transcurrido entre curvas, una parada para ver un geyser y visitas a las exposiciones de dos fábricas: la primera de joyas y la segunda de seda.

Ya hemos llegado a Chiang Mai (ciudad nueva), segunda en importancia en Tailandia. Hemos parado a comer en «Mi casa», un restaurante de un vasco que vive aquí desde hace unos 18 años, casado con una tailandesa. La comida… mejor la thai y él, de vasco, no tenía nada.

Subimos a un monte donde, por una carretera empinada y con muchas curvas, cómo no, encontramos un templo. El tramo final lo hacemos con un cremallera.

Allí, una vez descalzos, entramos y lo que más me choca es el Buda esmeralda. Vemos muchos soldados del ejército, hay como una especie de misa en su honor donde participan altos mandos, sacerdotes mayores, personalidades de la ciudad y reporteros de TV. Mientras Sonia se queda haciendo fotos, yo salgo a recuperar mis bambas, la verdad es que en estos días nunca me ha hecho gracia dejarlo allí fuera tirado. Antonio dice que no pasa nada, pero… si pasa me quedo descalzo.

El camino de bajada lo hacemos por una larga escalera. A nuestros lados, las barandillas son larguísimas serpientes que empiezan en su parte inferior y acaban en el punto más alto. Una vez llegados abajo, el autocar nos espera.

La siguiente y última parada era para ver unas cascadas dónde además, se podían probar grillos y cucarachas fritos. Con los primeros me he atrevido, con los segundos no, más que nada por su gran tamaño.

Un merecido descanso en el hotel y de nuevo en marcha a visitar el mercadillo nocturno y a cenar.

Mañana nos vamos a Mae Hong Son en avión y hacemos noche allí, para ello no es necesario llevarnos las maletas así que he comprado una mochila para llevar una muda de recambio. Las maletas se quedarán en la consigna del hotel ya que pasado mañana hacemos otra noche aquí.

Aquí el regateo es imprescindible, ellos empiezan con un precio y tú tienes que bajar considerablemente, menos de la mitad, ellos bajan y tú subes un poquito y así sucesivamente hasta que ambos nos plantamos. Entonces tú dices que es el último precio y si no les está bien, te vas, entonces ceden y te lo dejan. Lo mejor: la negociación se hace simplemente escribiendo los importes en una calculadora, no hace falta casi hablar.

Buscando un restaurante italiano recomendado en la guía nos hemos encontrado a otro cerquita del hotel: «Da Mattia». Lo lleva Stefano, un romano casado con una tailandesa.

Nos ha preparado una fabulosa cena a nosotros, a los que nos han acompañado en nuestra mesa: Inés y Cristina, de Málaga y  Rubén y Sayoa, de Pamplona. Otras 6 personas del circuito también han cenado allí por recomendación nuestra, por eso le he pedido una comisión que al final se ha quedado en una ronda de chupitos de limoncello gratis. Pasado mañana volvemos fijo.

PD: Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz… nana nana na na, nana nana na na, lala la la lala la laaaaa, lala la la la la!!!!

 

Fotos: www.flickr.com/photos/fabryhd/sets/72157622092845951/

2009_Chiang Rai, Día 8

septiembre 1, 2009

Para no perder el autocar que nos acompañaba al centro, no pudimos cargar las fotos de ayer: problema solucionado.

Anoche fuimos al mercadillo. No encontramos tejanos, pero si un restaurante italiano de verdad. El dueño es de Verona, buena cena en compañía de otra pareja.

Esta mañana el desayuno ha sido exquisito, de todo y más. Hemos salido con 20m. de retraso supongo porque la gente ha repetido platos.

Primer tramo del recorrido con nuestro autocar para luego seguir con pick-up por carreteras secundarias y visitar dos poblados de las tribus de los «Akha» y «Yao».

Previamente habíamos comprado caramelos, lápices, piruletas, entre otras cosas como pastillas de jabón.

Cuando llegamos salen los niños a recibirnos y sus madres para vendernos collares y pulseras. El poblado está en una colina y sus calles empinadas son de barro. Entramos en una casa que está construida con cañas de bambú y paja.

Siguiente poblado ya más moderno con calles asfaltadas y luz y que pertenece a una tribu nómada que proviene de la China. Aquí pasa lo mismo, niños pidiendo y madres vendiendo.

Resumiendo, casi todos hemos coincidido en que esto es falso. Seguramente, en su época sí vestían con los trajes que llevaban cuando nos han recibido pero ahora ya creemos que es solamente un show para turistas.

Volvemos al autocar y nos dirigimos a Chiang Sen que forma parte de «el Triángulo del Oro». Desde allí se pueden ver Laos a su derecha y Myanmar (antigua Birmania) a la izquierda, divididos entre sí por el río Mekong y uno de sus afluentes. El guía nos señala hacia el lugar donde pillaron a Roldán.

Antiguamente, se llamaba «el Triángulo del Opio» precisamente porque esta zona era productora de amapolas: flores de la que se extrae la resina que a posteriori se transforma en opio.

Visitamos el «Museo del Opio» y conocemos su historia.

Las autoridades tailandesas se han puesto muy duras con este tema ya que las penas por tráfico de drogas van desde cadena perpetua hasta la pena de muerte.

Comida buffet Thai en un restaurante al aire libre y de nuevo en marcha hasta llegar a la ciudad fronteriza de Mae Sae. Allí bajamos del autocar y nos dirigimos a pié a Myanmar.

Previamente Antonio había tramitado los visados. Pasamos el control, una foto con una webcam y al otro lado de la frontera nos esperan varios tuk tuk. Aquí el tráfico es bastante caótico, el país es pobre, sucio, con carreteras mal asfaltadas o sin asfaltar…

Visitamos primero un templo en una colina, luego un mercado auténtico donde venden comida y animales, entre otras cosas. Las paradas son en el mismo suelo sobre telas, la higiene aquí es inexistente. Otro templo Chino para finalmente ver el mercado de la frontera donde hay imitaciones de todo tipo pero realmente muy pero que muy malas.

Regresamos al hotel cuando la luz ya nos deja. Una lástima no haber podido probar la piscina ya que nos habían dicho que cuando se va el sol, es posible que alguna culebra salte de la laguna a la misma.

Decidimos quedarnos a cenar en el hotel. Óptima decisión, un restaurante «italiano» con chef tailandés nos ha sorprendido con sus platos «para chuparse los dedos».

 

Fotos: www.flickr.com/photos/fabryhd/sets/72157622082039099/